Las alergias son en realidad reacciones desproporcionadas del sistema inmunitario, cuando se presentan determinadas sustancias llamadas alérgenos. Si bien, habitualmente estas sustancias son inofensivas, los alergenos pueden desencadenar reacciones desde moderadas hasta graves. Los principales alergenos son: ácaros de polvo, polen, pelo de mascotas, picaduras de insectos, alimentos y bebidas, etc.   

Al entrar en contacto con los alergenos, el sistema de defensa del cuerpo reacciona liberando una variedad de sustancias químicas. Estas son las que provoca la sintomatología alérgica, como congestión nasal, salpullido, dificultad para respirar, sibilancias, etc.

La manera más eficiente de prevenir y controlar las alergias es evitando los alergenos, y para esto se debe acudir con un alergólogo quien identificará las causas mediante pruebas dérmicas y análisis de sangre. A partir de estos resultados, el médico determinará la administración de medicamentos y si es necesario dar un tratamiento con vacunas. Estas son inyecciones que se aplican durante un periodo (alrededor de tres años) para reducir las alergias. Cada vacuna tiene una pequeña cantidad de la sustancia o sustancias que provocan las reacciones alérgicas (alergenos).